Homeoffice, sin duda una de las palabras más usadas del momento. La realidad del mundo en unos días cambió por completo y a las circunstancias actuales obligó a las empresas a digitalizar sus procesos y enviar a la gente a su casa. Cerrar la venta al público, activar la venta online, volver a usar el teléfono para pedir, comprar y contactar. El mundo digital y el analógico se dan la mano una vez más para hacerle frente a la pandemia del coronavirus que eligió el 2020 para venir de visita a este planeta.

Las fronteras físicas han cerrado y los países limitado la entrada a sus tierras, sin embargo las fronteras digitales se ha abierto más que nunca y hoy son millones las personas que pueden reunirse a conversar por videollamada, dar clases por streaming y compartir todo tipo de contenido para acompañar a otros en este momento que como sociedad universal nos está tocando experimentar. 

Ahora bien, me pregunto realmente qué sabemos del “HomeOffice”, siento que es una palabra sencilla de pronunciar (y en este momento ineludible) pero que a la hora de ponerla en práctica, en mi experiencia no es algo muy sencillo. 

Mi negocio se digitalizó full hace 3 años, casi a la fuerza, debido a un cambio de país. El equipo quedó de un lado del charco y yo del otro. Las reuniones semanales que teníamos por la mañana tomando mate en la oficina, pasaron a ser virtuales y con 5 horas de diferencia horaria. En mi caso el home office también venía con diferencia horaria y muchas veces las reuniones de la mañana para mi terminaban siendo a las diez de la noche. 

Hoy viendo con perspectiva el proceso que transité, tanto a nivel personal como con el equipo, me permiten recoger algunas de las cosas que aprendí y compartirlas con quienes están viviendo algo similar o a quienes les pueda servir para en este momento. 

La zona de confort:
Los primeros meses fueron duros, no voy a negar que dejar de ir todos los días a la oficina y ver al equipo fue un gran cambio en la cotidianeidad y en el día a día al que ya estaba acostumbrada. Esto tuvo un gran impacto ya que me implicó cambiar varios hábitos que tardé un tiempo asimilar. Los cambios producen una ruptura en la zona de confort y al principio como cualquier cambio incómoda y molesta. Pero es importante saber que esto es normal  y que con el paso de los días lo novedoso comenzará a convertirse en parte de una nueva rutina.

La soledad:
Es una realidad (al menos para mi) que trabajar de forma remota no es lo mismo que verse la cara, saludarse con un beso, un abrazo o compartir unos mates en la oficina (todas cosas que hoy ya no podríamos hacer). Sin embargo al principio aceptar esto me costó bastante, me dí cuenta de lo importante que son las relaciones humanas con las personas con la que elegimos trabajar y que el no tenerlas muchas veces me hacía sentir momentos de soledad a la hora de sentarme a trabajar en casa. Me ví a mi misma en varias oportunidades siendo las 7 de la tarde y no habiendo conversado con ningúna persona cara a cara en todo el día. Con el tiempo aprendí nuevas formas de conectar con las personas del trabajo, resignifiqué el valor de las conversaciones online y también del contacto humano. 

Trabajo por objetivos:
Me recuerdo hace algunos años en la oficina repitiendo al equipo lo importante de trabajar por objetivos, de organizarnos de forma tal que pareciera que el compañero no estaba sentado a nuestro lado. Algo como si mi “yo” del futuro me hubiese estado hablando. Este tipo de trabajo que desarrollamos hace varios años nos permitió sobrevivir a al distanciamiento físico, la diferencia horaria, el trabajo remoto, etc. Trabajar por objetivos para mi ha sido desde el comienzo uno de mis grandes pilares y algo que agradezco por haber implementado a lo largo de estos años. Crear objetivos, tareas y un cronograma de ejecución permite que cada persona del equipo tenga claro qué hacer, cuándo hacerlo y cómo. Esto para mi ha sido y aún es, la clave del trabajo efectivo. 

Disciplina y Organización:
Ojalá alguien me hubiese hablado de estos dos conceptos hace algunos años, ya que han sido claves para que mi trabajo prospere y mi rendimiento no decaiga. Al trabajar desde casa el factor: “otro que me está mirando” se apaga, y cuando hablo de otro me refiero a compañero, jefe, cliente, etc. Simplemente empieza el día y te encontrás vos con vos mismo frente al ordenador o la libreta de notas sin que nadie te mire ni te diga qué hacer. El día laboral comenzará cuando vos lo decidas y el aplauso a la puntualidad será el que te des a vos mismo. Es aquí cuando la autodisciplina se puede convertir en tu mejor aliado o en tu enemigo íntimo. 

Mi primer día de homeoffice lo recuerdo como si fuera el de un artista frente a un lienzo en blanco, un vacio total teñido de la incertidumbre de no saber por dónde empezar, qué escribir, qué hacer. Pero después de un rato de bloqueo mental las ideas empezaron a salir de mi cabeza, primero lo hicieron en forma de lista, casi como un brainstorming desordenado de todo lo que tenía que hacer cuando terminara el día. Al terminar la lista y ver todas las acciones que había escrito, pude reconocer la necesidad de organizarlas por prioridad, invitandolas a pasar a la casilla de Urgente vs Importante. Como diríamos en Argentina primero apagamos los incendios y luego vamos a lo importante (pero que no se está incendiando). 

En fin el Home office ha sido mi aliado desde hace ya varios años. Hoy trabajo feliz desde casa compartiendo espacios online con un equipo repartido por todo el mundo. Los objetivos, el trabajo por proyectos, las videollamadas y plataformas de intercambio online son parte de mi rutina y de mi aprendizaje del día a día.


Victoria Barba.
Coach ACC. ICF Certification.
Formadora en Soft Skills & Consultora en Comunicación.

 

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